lunes, noviembre 23, 2009

Según lo mires


Una misma cosa puede llegar a parecer dos, tres, cuatro o mil cosas diferentes. Todo según lo mires. "Depende del color del cristal", ya lo dijo Calderón. Del color, del propio cristal y, sobre todo, de dónde ponga uno la lente. O simplemente el ojo.

Cambiar el punto de vista ha sido siempre un gesto transgresor, un impulso revolucionario que ha servido para colgar la etiqueta de "raro", "extravagante" o, simplemente, "loco", a aquel que miraba desde otro lado, pero que, a la postre, ha resultado ser un condición sine qua non para avanzar, para crear nuevos estilos, para no quedarse anquilosados, para convertir el futuro en presente.

Algunas de las obras de Rodchenko siguen siendo hoy, casi un siglo después de su creación, rompedoras. Así que no quiero imaginar cómo calificaron en la época a este polifacético creador ruso.


Una buena muestra de su trabajo fotográfico se expone en la Fundación Canal de Madrid. Son obras con una indiscutible vocación experimental, en las que Rodchenko comienza a jugar con perspectivas hasta entonces nunca vistas, como el ángulo cenital y el ángulo nadir. La geometría es clave en sus composiciones y, junto a ella, destaca el casi mágico juego de luces y sombras, incluso también de movimiento, con un grado de perfección y dominio técnico inimaginable a principios del siglo XX.

La vida cotidiana adquiere categoría de arte en el objetivo de Rodchenko, que, no obstante, hace gala de su compromiso político y pone su cámara al servicio del nuevo modelo de Estado comunista que acababa de ver la luz.

Seguramente, la manipulación es eso. Contar las cosas según las mires.

"Rodchenko fotógrafo". Hasta el 03 de enero de 2010.
Fundación Canal. c./ Mateo Inurria, 2 (Madrid).
Laborables y festivos: de 11 a 20 horas. Miércoles: de 11 a 15 horas.
Entrada libre.


Fotos: dos de las obras de Rodchenko que pueden contemplarse en la exposición "Rodchenko fotógrafo".

sábado, noviembre 21, 2009

Audrey en la piel

Elegante. Serena. Chic. Seductora. Dulce. Quién no querría ser como ella. Aunque sólo fuera por un minuto. Por un segundo, quizá. Ponerse en su piel y sentir, un instante, ese charme que regalaba a cada paso, ligero; en cada movimiento, frágil; en cada sonrisa, adorable.

Yo, he de confesarlo, soy fanática empedernida. Y conste que no soy mitómana fácil. Pero ella me cautivó y, en el fondo, de alguna manera, me gustaría ser un poco Audrey.

Quizá, si consiguiera uno de los más de treinta modelos de alta costura pertenecientes a Audrey Hepburn que se subastan dentro de unos días en Londres, lo tendría más fácil. Pero cada vestido puede rondar los 23.000 euros. Y yo no puedo pagarlo. Y, en cualquier caso, "aunque la mona se vista de Audrey, mona se queda".

Habrá que seguir soñando.

viernes, noviembre 20, 2009

No a la pornografía infantil

La simple idea de pensar en un viejo verde –o en un joven amarillo, lo mismo me da– consumiendo pornografía infantil me repugna. Me revuelve las tripas y me pone el cuerpo del revés. Y más aún cuando leo que España es el segundo país del mundo en el que más visitas se registran a webs en las que se abusa de los niños y se delinque comerciando con este tipo de pornografía asquerosa.

Por eso hoy, en el Día Internacional de los Derechos del Niño, levanto mi voz, igual que tantos otros miles de bloggers, para decir NO A LA PORNOGRAFÍA INFANTIL.

Es el segundo año que se pone en marcha esta iniciativa y en la web de RTVE se cuenta con todo detalle cómo surgió y el auge que está teniendo. Sobran los motivos.

jueves, noviembre 19, 2009

Estás tú


Despierto, algo inquieta. Sin sobresaltos, pero con la respiración agitada. No sé qué he soñado. No lo recuerdo. Tengo la sensación de estar sudando, pero a la vez noto la piel de gallina. Serán cosas mías.

Cierro los ojos y vuelvo a abrirlos. Despacio. Me pesan los párpados. La penumbra me aturde. Sólo alcanzo a percibir a golpe de tacto, porque no veo, y tampoco oigo nada en medio de un silencio atronador.

Pero allí, al otro lado de mi piel, fría y sudorosa a un tiempo, la paz se viste de sonrisa en tu boca, y la quietud traspasa tu brazo para posarse en mi mano, más pequeña y frágil que otras veces. Y dejo de ser frágil, y soy menos pequeña, y ni sudo ni tengo frío. Ni suena el silencio. Ni destella la penumbra.

Estás tú.

Imagen: Foto Gratis

martes, noviembre 17, 2009

In memoriam



Aunque tú no lo sepas, Enrique Urquijo.

Diez años sin él son muchos. Al menos queda el consuelo eterno de su música.

Fabricar noticias


No seré yo quien defienda ningún tipo de manipulación. Ni hacia un lado ni hacia otro. Me repugna. Porque creo que, antes que periodista, un comunicador debe ser buena persona. Y honesto. Trabaje para quien trabaje. Que recibir un sueldo –de los que todos vivimos... o viviremos, cuando lo volvamos a tener– no significa venderse.

He tenido que convivir durante años con la campaña "antimanipulación" en Telemadrid –campaña que, de todos es sabido, es más contraria hacia Esperanza Aguirre que proclive a la defensa del buen periodismo–. He tenido que tolerar miradas desafiantes por no apoyar guerras que no eran la mía. Porque a mí nadie –repito, NADIE– me ha obligado a escribir al dictado absolutamente nada. Ni a manipular. Ni a decir lo que no era cierto. Ni a rebuscar en busca de una verdad a medias.

Y en otros medios "del otro lado" sí he visto cómo lo hacían. Pero no pasaba nada. Las mentiras venían de "los buenos" y nadie iba a ponerlas en duda.

En este pseudoperiodismo maniqueo y rebuscado que nos toca sufrir cuando nos exponemos al 90 por ciento de los medios, hay dos máximas:

1. no hay buenos o malos periodistas, sino sólo medios "buenos" o "malos" en función no del producto que hacen, sino de su línea editorial;
2. si las noticias llegan de la mano de los "buenos", son creíbles y cabe arrodillarse ante el púlpito de quien las publica; en el caso contrario, cualquier noticia se pone en duda, se da la vuelta, se tergiversa y se crucifica no al medio que la publica, sino al periodista que la firma.

En esta ocasión, es un medio ¿"bueno"? quien fabrica una noticia. Lo cuenta Periodista Digital mejor de lo que pueda hacerlo yo, así que no voy a extenderme. Sólo diré que me llama la atención cómo para un periodista el auge efímero de un grupo en Facebook (sí, sí, el Feisbuc, esa red social en la que todos –o casi todos– se suman a cualquier causa por el simple hecho de divertirse y seguir a sus amiguetes) es noticia y se convierte en un arreón político con el que intentar tumbar, una vez más, al "enemigo".

Ah, y que conste: ni soy proPP ni antiPSOE. Sólo quiero que mi país lo gobiernen políticos cabales y que sean periodistas cabales y serios quienes cuenten lo que pasan y ejerzan, de manera efectiva, de cuarto poder.

jueves, noviembre 12, 2009

Citas ajenas. La Dicha

"De pronto tuve conciencia de que ese momento, de que esa rebanada de cotidianidad, era el grado máximo de bienestar, era la Dicha. Nunca había sido tan plenamente feliz como en ese momento, pero tenía la hiriente sensación de que nunca más volvería a serlo, por lo menos en ese grado, con esa intensidad. La cumbre es así, claro que es así. Además, estoy seguro de que la cumbre es sólo un segundo, un breve segundo, un destello instantáneo, y no hay derecho a prórrogas".

Mario Benedetti, La tregua.

martes, noviembre 10, 2009

Ágora o la inspiración de Hipatia


No sé mucho de cine. De imagen, algo. Poco, pero algo. Y por eso me gusta mucho el cine de Amenábar. Porque creo que lo borda. Que saca el máximo partido de las cámaras. Que consigue planos imposibles y sugiere en cada uno de ellos. Que te obliga, como espectador, a ir más allá del guión, más allá del argumento, más allá del personaje.

Por eso quería ver Ágora. Y, en ese aspecto, no me defraudó. Sobre las características técnicas, recomiendo la lectura del blog de Juan Rodríguez Millán, verdadero cinéfilo, que sabe ver y, lo que es mejor, sabe contarlo. Cabe destacar, en este aspecto, los planos simbólicos que juegan con las formas elípticas –elemento clave en el trabajo conjunto de Hipatia y su padre, Teón de Alejandría, según historiadores clásicos–, así como un plano subjetivo invertido que parece querer decir que, con el asalto a la Biblioteca de Alejandría, se puso el mundo del revés.

Sin embargo, el argumento adolece de lagunas históricas. O, más que lagunas, inexactitudes. Cierto es que Amenábar se cura en salud aclarando, en el último crédito de la cinta –o sea, unos diez minutos después del final, cuando ya hemos visto hasta la empresa de mensajería con la que trabajaron y quiénes les alquilaron los walkie-talkies–, que la película está "inspirada en hechos reales". "Inspirada", que no "basada", como bien me apuntó mi más querido colega, porque, si uno se toma la molestia de indagar, aunque sea a golpe de Google, en la historia de Alejandría y de su más famosa filósofa, hay que poner en tela de juicio varios pilares argumentales de Ágora:

  • que la Biblioteca del Serapeo –y no la Gran Biblioteca de Alejandría, que ya había sido destruida en el año 365 d. C. (o sea, casi treinta años antes de la época en la que comienza el relato de Amenábar)– fuera saqueada, y sus libros destruidos, por el fanatismo cristiano. Si bien es cierto que el templo fue asaltado tras el decreto de Teodosio el Grande que prohibía el paganismo, no hay evidencias literarias ni documentos históricos que permitan asegurar que, además de destruir las efigies paganas, los cristianos quemaron y rompieron los pergaminos.
  • por otra parte, la figura de Hipatia ha sido todo un símbolo para la literatura universal y ha alimentado todo tipo de leyendas, sobre todo en lo que se refiere a su muerte, nunca del todo aclarada. Sí parece seguro que el patriarca Cirilo persiguió a la filósofa y fomentó un clima de verdadero oprobio en su contra, pero tampoco hay unanimidad entre los historiadores –clásicos y modernos– respecto a que la causa de dicha persecución fuera su negativa a convertirse al cristianismo.
Más allá de la crítica feroz y del retrato manipulado que se hace de los cristianos, cierto es que en nombre de todo tipo de creencias y religiones se han cometido verdaderos crímenes, en todas las épocas. No seré yo quien los defienda. Y también es verdad que a ningún gobernante le ha interesado que el pueblo accediera a la sabiduría, ni siquiera en sus estadios más primarios.

Así que me quedo con el valor del saber. Con la pasión por el estudio. Con la mesura y la rectitud de Hipatia. Con eso y con el innegable valor de Amenábar como director de cine. Tiene mucho que aportar al cine español. Aunque sólo sea en lo que a la técnica se refiere. Y no es poco.